Una historia de Navidad (1992)

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La tarde/noche de Nochebuena tiene lugar uno de los acontecimientos más entrañables del año para el Colegio, la Misa del Gallo, a la cual acude tanto público que casi no cabe un alfiler en el salón de actos. Además del coro, con el Hermano Juanjo al órgano y Don Manuel Llamas dirigiéndolo, esta celebración se ve acompañada por un Belén viviente en el cual los alumnos del colegio representan a la Virgen María, a San José, al Niño Jesús (que en ocasiones ha sido el hijo/a de algún profesor, y en otras se ha tenido que recurrir a alguna imagen de escayola), los tres Reyes Magos y algunos pastorcillos. En la celebración de 1992 la Virgen María fue la antigua alumna Mª Asunción Martínez Peinado, San José fue Rafael Pérez Palomo, y como no había niño recién nacido, el papel de Jesús correspondió a una imagen que los hermanos trajeron de la Comunidad. Pero a falta de 2 horas para el comienzo de la celebración faltaban los Reyes Magos. Un olvido importante, teniendo en cuenta que ellos son los primeros en adorar al Niño en el portal. El Hermano Nacho Poyatos “entró en acción” y llamó a uno de los chicos de su grupo de catequesis, Francisco Javier Mesa Blanco (Fran Mesa) para que intentara reclutar a posibles voluntarios. Los “agraciados” para tal acontecimiento, terminaron siendo los antiguos alumnos Juan Luis Concheso Miranda y Rafael Plaza Zarza, los cuales aún no se habían preparado para asistir a la celebración, al residir cerca del colegio. A toda prisa se personaron en los “camerinos” del salón de actos, en los que fueron ataviados a toda prisa con unas túnicas del padre Cirilo, y unos turbantes con corona que había por allí. Al final Fran Mesa fue Melchor, Juan Luis Concheso fue Gaspar, y el bueno de Rafa Plaza, al llegar el último, terminó siendo Baltasar, siendo maquillado por su hermana Lucía (también antigua alumna). No hay que decir la dificultad con la que algunos de los “Reyes Magos” pudieron vestirse (especialmente Fran y Rafa, más corpulentos ellos), ya que las túnicas del Padre Cirilo eran un poquito estrechas y cortas. Pero eso sí, con la barba, el maquillaje, los turbantes y las coronas, la verdad es que parecían realmente a los tres monarcas que aquella Noche Santa visitaron Belén. Durante la celebración al no haber Niño Jesús de verdad, no hubo problemas de que saliera correteando por el escenario, o que se pusiera a llorar, pero sí recuerdo el estallido de una bombilla del portal, que asustó a más de uno y a más de una. Aquella noche resonaron los tradicionales cantos de todos los años: El Gloria de Navidad, el Noche de Paz interpretado con un violín durante la consagración, y el Adeste Fideles. Y el momento más emocionante, como todos los años, fue la adoración al Niño, en la que aquellos tres Reyes Magos fueron los primeros en ofrecerles sus presentes de paz y bien al Pequeño de Belén, un regalo de Navidad que aquella fría noche de 24 de diciembre de 1992, ni ellos mismos hubieran podido imaginar.

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