Los "examencillos" del Hermano Ignacio (1989)

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Hay un refrán muy verdadero que dice “quien bien te quiere te hará llorar”, y algo así era lo que el Hermano Ignacio hacía con nosotros en Matemáticas de 8º. Él tenía costumbre de hacernos sacar una cuartilla unos 10 minutos antes de irnos al recreo, y ponernos un ejercicio que luego corregía y lo calificaba “a cero o diez”. Pasaba que llegaba el final de la evaluación, y algunos tenían ceros para “parar trenes”, o te encontrabas con un montón de dieces que te podían ayudar a mitigar algún que otro cero.

También hay que decir que el Hermano Ignacio era un poco exigente con la letra, no sólo porque quería que nos esmeráramos en la presentación de los ejercicios, sino también porque tenía problemas de visión muy serios. Yo tenía costumbre de escribir con bolígrafos de punta fina, y a pesar de sacarle buenas notas, solía regañarme de vez en cuando porque no entendía lo que le ponía por escrito. Sucedió que un día, a la hora del “examencillo” diario, me encontré que se me había gastado mi bolígrafo azul, y entonces no me quedó más remedio que hacerle el examen con un rotulador Inoxcron negro de punta gorda, pensando en la bronca que me iba a echar una vez le entregara el ejercicio. Pero cual fue mi sorpresa, cuando al entregarle el examen vi como se le cambió la cara y me dijo muy contento: “Ya era hora de que me presentaras un ejercicio así de claro” (con la punta gorda mi ejercicio lo leía estupendamente). Lo cual no sólo me hizo respirar de tranquilidad, sino que además a partir de entonces aquello dio lugar a que le hiciera todos los ejercicios con rotulador.

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