H. Tomás

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Hermano Tomás Corral Castresana
H. Bernardo José
Nacido en: Burgos, 1908
Fallecido en: Córdoba, 19 de noviembre de 1983
Años en Cervantes: 1939 - 1983
Ocupación: Profesor, administrador
preparador de Primeras comuniones

H. Tomás Corral Castresana nació en Teza, un pueblecito burgalés en el límite con Álava, en 1908; pero eso es casi anecdótico, pues con 15 años ya había salido de él para iniciar su andadura como religioso marista. Arceniega (Álava) le vio hacer el juniorado y Balaguer (Lérida), el postulantado, noviciado y escolasticado; obtuvo el título de maestro en León y las prácticas las realizó en el Colegio Sagrada Familia de Cartagena.

Su primer destino como hermano, con el nombre de profesión de H. Bernardo José, fue el Colegio de niños gratuitos, hijos de mineros, en Barruelo (Palencia). Luego pasó al Virgen de la Capilla de Jaén, donde le sorprendió la Guerra Civil, teniendo que padecer dos años de cárcel, aliviados por las múltiples atenciones de la familia Merelo, uno de cuyos hijos el Antonio Merelo, acabaría siendo hermano marista, profesor y administrador en Cervantes en los años sesenta y setenta.

Finalizada la contienda, en 1939, con 31 años, llega el H. Tomás al Colegio Cervantes de Córdoba... ¡Y ya no se movió de ahí! Nada menos que cuarenta y cuatro años pasó el H. Tomás en el colegio marista cordobés, convirtiéndose en historia viva y siendo el único hermano que conoció las tres últimas sedes del centro: Palacio de Torres Cabrera, plaza de la Compañía y avenida de la Fuensanta. De esos cuarenta y cuatro años, sólo los seis primeros los vivió como excelente profesor de Ingreso y preparador de las Primeras Comuniones, pasando desde el curso 1945/46 a ocupar el cargo de Administrador.

Homenaje al Hermano Tomás en el año 1961
“Los superiores, en contra de mi voluntad, me cambiaron los libros por las libras”, decía en una entrevista de Eco marista en 1981, lo que no le impidió el seguir en estrecho contacto con los alumnos desde la ventanilla que existía al final de la regia escalera del caserón de la Compañía y en continuar prestándose a la docencia, puntualmente, cuando las necesidades del colegio lo requerían. Su trato, entregado y afable, le hizo ser tremendamente querido por alumnos y antiguos alumnos a los que nunca cesó de dar consejos: “Recomiendo a los antiguos alumnos que sigan siendo buenos compañeros con los que lo fueron un día en el Colegio, y que sean buenos cristianos y virtuosos ciudadanos; que no olviden las prácticas religiosas que aprendieron en el Colegio y, sobre todo, que sean devotos de la Virgen”. Pulcro (al estilo francés de los primeros hermanos), servicial, ecuánime, dotado de una gran memoria, observante, piadoso... podrían ser adjetivos para el H. Tomás, pero dejemos que sea el H. Francisco Ibáñez quien lo defina: “Santo varón, de una inocencia verdaderamente ingenua, durante muchísimos años administrador de los menguados recursos del Colegio, se las arreglaba para atender a la subsistencia de manera ingeniosa... llegando a poseer casi el doble de cartillas de racionamiento de las asignadas legalmente. Su piedad y servicialidad quedarán como signos de alma cándida y buena persona. Su Córdoba, su Colegio, lo marista, Maimón incluido, eran su mundo y lo vivía con ilusión casi infantil”. El H. Tomás colaboró intensamente con todos los estamentos del colegio y en 1973, la Asociación de AA. AA. que ya en 1961 le había rendido un homenaje, le concedió su máxima distinción, la insignia de Oro. En 1981, fue premiado por la Federación Provincial de Centros de Enseñanza No Estatal con el título de Profesional de la Enseñanza Distinguido.

El H. Tomás nos dejó un 19 de noviembre de 1983, a los 75 años de edad. Su amor por Córdoba y lo cordobés (no faltó en cuarenta y cuatro años a ni una sola procesión del Corpus), le llevó a que sus restos reposaran en el cementerio de Nuestra Señora de la Salud. Impresionante fue el dolor de toda la familia Marista: hermanos, profesores, alumnos, antiguos alumnos, amigos... pasaron ante el cadáver, instalado en la sala de profesores del colegio, y asistieron al funeral, presidido por el padre Jesús Mendoza y seis sacerdotes más, en un salón de actos que agotó su capacidad. La revista anual del Cervantes, Eco Marista, le dedicó ocho artículos, representativos de los distintos estamentos de la familia marista: “Carta abierta al H. Tomás” de Antonio Alarcón Parodi, “La última Salve en el cielo” de Vicente Ruiz Granados, “Adiós H. Tomás, ruega por nosotros” de Mateo Vázquez Berni, “El buen monje” de Rafael Córdoba Cruz o la Evocación que compuso el H. Francisco Ibáñez.

Sería imposible reproducir todo lo que se dijo entonces sobre el H. Tomás, nos quedamos con las palabras de Fernando Bajo Moreno, presidente de la Asociación de AA. AA. de 1958 a 1963, publicadas en esa misma revista: “Algo insustituible se ha ido del Colegio Cervantes. Un vínculo querido, respetado y admirado, nos ha de faltar desde ahora a cuantos, al llegar al colegio, buscábamos su compañía, amena y afectuosa siempre, para charlar con él de aquellos tiempos... de los más próximos y de éstos. Pero como tenemos fe -que él mismo nos consolidó en el alma con su ejemplo aún más que con su palabra- ahora, cuando sigamos llegando a Cervantes, saldremos a uno de sus patios, miraremos al Cielo y él, desde allí, junto a la Madre nos mirará sonriendo, con su sencillez de santo, con la que él siempre tuvo. Descanse en paz, querido Hermano Tomás. Inolvidable amigo y Hermano”.

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