Estábamos en.... Recuerdos sobre María Eugenia

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“Estábamos en...derivadas....sucesiones........¿hay alguna duda?.....Ea, pues sacad un folio”. Éstas eran las palabras con las cuales Doña María Eugenia Borrero Cuenco solía empezar sus clases de Matemáticas los lunes después del recreo. Teníamos con ella dos horas seguidas el mismo día (una de Matemáticas y otra de Física-Química), y nos solía poner un pequeño examen de una de las dos asignaturas, consistente en un único ejercicio.

Estas pruebas, normalmente a cero o diez y que daban idea de su elevado nivel de exigencia, así como su fuerte personalidad la cual imponía un gran “respeto” a los alumnos (por no decir miedo), y el alto nivel de sus explicaciones, adecuado a la importancia de las asignaturas que impartía, la convertían en una de las profesoras más temidas para los alumnos, a la vez de una de las más recordadas junto a profesores como el Hermano Ignacio, o el Hermano Juanjo. Así mismo fue una de las primeras profesoras del centro, en una época en la cual no era fácil encontrar mujeres capaces de impartir asignaturas de tal nivel, y mucho menos enfrentarse a clases de 40 alumnos.

Esta era la imagen que Doña María Eugenia daba como profesora a sus alumnos. La imagen que se nos quedará de por vida, y que nos dejó como sedimento una buena preparación en sus materias, muchos conocimientos y una alta capacidad para enfrentarnos a una vida nada fácil. No obstante, otra imagen muy distinta era la que ofrecía a sus compañeros: gran conversadora, agradable al trato y de gran sentido del humor, la cual contrastaba con la ofrecida al alumnado.

Normalmente los alumnos guardamos de los profesores el recuerdo que nos dejó su trato con ellos. Y si te fue bien con alguno, lo recuerdas con agrado. Mientras que si no fue así, los recuerdos pasan a ser desagradables. Dada la personalidad de María Eugenia, probablemente su recuerdo no pasa inadvertido para ninguno de los alumnos que pasamos por sus manos, siendo bueno para unos y no tan bueno para otros. No obstante, en su favor hay que decir que raramente los alumnos valoramos el esfuerzo que supone enfrentarse a un alumnado día a día, con el único afán de enseñar. Y en eso nadie puede discutir que Doña María Eugenia era una "número uno", a pesar de que los métodos pedagógicos que empleaba probablemente no coincidan con lo que muchos entienden como “enseñanza” a día de hoy. En este sentido hay que decir que los resultados la avalan.

Para dejar algún poso “divertido” en este artículo, comentaré alguna de las peripecias vividas con ella como profesora a lo largo del curso 1991/92, que fue el que compartí con ella como alumno. A la historia ya publicada de “Algún día tendréis que coger una escoba” y que puede leerse en esta enciclopedia, podemos añadir el día en que empezó a explicarnos Química Orgánica, dibujando en la pizarra los hexágonos que correspondían a los anillos de carbono. En uno de los días posteriores, en los que sacó a un compañero a la pizarra para que resolviera un problema, éste empezó a dibujar dichos anillos un tanto “distorsionados”, más por el nerviosismo que suponía salir con ella a la pizarra que por falta de conocimiento. Esto provocó el comentario de María Eugenia, que le dijo que esos anillos parecían “nazarenos” y que con tanto junto aquello parecía una cofradía.

Otra de sus costumbres era la de exigir a los alumnos que numeráramos las hojas de nuestros cuadernos (siempre uno para teoría y otro para problemas), con el fin de que no arrancáramos ninguna hoja. En cierta ocasión a uno de los compañeros se le acabó el cuaderno, levantando la mano preocupado por no saber que hacer. Ella lo miró y le dijo: “Que vas a hacer....pues comprarte otro”.

Descanse en paz.

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