Don Enrique y las cajas de la ira (1995)

De Cervantespedia
Saltar a: navegación, buscar

La siguiente anécdota tuvo el lugar en el año 1995, en la clase de inglés que Don Enrique del Río impartía al entonces 7ºA de EGB.

Nuestro relato comienza con Don Enrique escribiendo en la pizarra, como era habitual en él, las palabras que iban formando parte de nuestro vocabulario, para después repetirlas en voz alta y así afianzar nuestra pronunciación. Cuando escribió la palabra "box" y nos la hizo repetir a todos los alumnos a una sola voz, puso especial hincapié en la correcta pronunciación, es decir, pronunciando una "s" sorda al finalizar la palabra. Debido a su relativa dificultad nos la hizo repetir dos o tres veces más de lo habitual hasta comprobar que lo hacíamos correctamente. Tras dar su aprobación siguió escribiendo otras palabras en el encerado.

Y aquí empezó todo.

Los alumnos, intrigados por la extraña pronunciación de la "x" inglesa, comenzaron a repetir la palabra "box" en voz baja mientras Don Enrique continuaba con nuevos vocablos. Las intensidad del murmullo crecía: "box", "box", "box"... Nuestro profesor nos invitaba amablemente a proseguir con la explicación. Llegó un momento en que aquel murmullo fue auténticamente insoportable, con más de treinta chavales diciendo "boc-s" y alargando la "s" final. Se mascaba la tragedia.

Don Enrique, consciente de que la situación se le iba de las manos, agarró un enfado monumental mientras soltaba la tiza y se dirigía a la mesa. Tomó asiento y sacó de su carpeta una lista de la clase y un bolígrafo, mientras gritaba:

- "¡Hoy no va a salir nadie al recreo hasta que yo vea que la pronunciais bien!".

Don Enrique cumplió su amenaza y siguiendo un riguroso orden de lista fue alumno por alumno obligándole a decir en voz alta y de forma individual "box" y puntuando su pronunciación con unos escuetos "vale" o "mal". Cabe recordar que la materia de inglés siempre era temida, por lo que el negativo que Don Enrique simulaba anotar podría tener fatídicas consecuencias, y que en aquel momento las clases rozaban los cuarenta chavales.

La situación era totalmente surrealista. Mientras los temerosos alumnos, presas del miedo, no hacían más que ensayar en voz baja la polémica palabra aguardando su turno, los que ya habían pasado semejante trago, o bien respiraban tranquilos en el caso de haber salido victoriosos o bien se quejaban e intentaban mejorar su pronunciación, de nuevo repitiéndola sin cesar a Don Enrique. Los más despistados incluso pronunciaban un extraño "boc-asss" a media voz que irritaba aún más a nuestro profesor.

Finalmente respiramos tranquilos y desde luego que aprendimos sobradamente la lección.

"boc-sss"...



Enviado por Jose María Fernández Molina

Herramientas personales
Promociones