Copiar en clase

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Para aprobar hay que estudiar, si bien mucha gente opta por la vía menos recomendable, la de copiar (o como diría el Hermano Ignacio, la de "trampear"). Y éste que les escribe nunca ha tenido el valor para intentarlo, pero ha visto prácticamente de todo, unas veces con éxito y otras sin él.

Había profesores con lo que era muy sencillo copiar. Era por ejemplo el caso de Don Mateo Vázquez, en Sociales y en Inglés, en 6º de EGB. Muchas veces, el bueno de Don Mateo se quedaba dormido en clase mientras examinaba a sus alumnos. Para vigilar tenía al delegado de clase, al cual ponía a dar vueltas entre las bancas. Lo que no sabía era que el delegado aprovechaba para "soplar" las respuestas del examen a los compañeros apurados que se las preguntaban. Algunos, más ingeniosos, tenían arrancadas las tapas de los libros de Sociales y de Inglés, y durante los exámenes las intercambiaban, pidiendo permiso para sacar "el libro de la otra asignatura" y utilizarlo para apoyarse en él para escribir.

Otro de los profesores con los que los compañeros copiaban mucho, era el Hermano Joaquín Pardo, en Ciencias Naturales en 1º de BUP. Recuerdo la especial facilidad para copiar que tenían algunas de nuestras compañeras, que ese año habían llegado a Cervantes procedentes en su mayoría del Colegio Calasancio. La asignatura de Música, que impartía Don Antonio Higueras era otra de las preferidas, si bien en alguna ocasión Don Antonio tuvo que recurrir a firmar los folios en blanco de los compañeros para evitar "cambiazos".

En cuanto a los métodos de copia, muchos recurrían a "chuletas", unas más "artesanas" y otras más "sofisticadas", consistentes en reducciones casi milimétricas de las páginas de los libros de texto, y que deberían dejar "casi ciegos" a sus usuarios, por el pequeño tamaño de la letra. Como en todo, siempre hay gente despitada, y recuerdo un compañero en 3º de BUP que para un examen del Aparato Digestivo se hizo una "chuleta" sobre el Aparato Circulatorio (que no entraba), o el de otro compañero que entregó a Don José Luis Royo un examen de Física junto a la "chuleta" con las fórmulas que había utilizado.

También los hay de los menos afortunados, a los que "pillan" copiando, bien por inexpertos en este "arte", o por su excesiva euforia y confianza. También es de destacar la reacción del profesor que sorprende copiando a un alumno. Para mí el más elegante siempre ha sido Don José Fernández Vílchez, que en voz bajita y agradable siempre decía al alumno sorprendido: "ya sabes lo que tienes, aunque puedes seguir con el examen si lo deseas". Y para otros vale el dicho de "más sabe el diablo por viejo, que por diablo", como es el caso de Don Vicente, que para soprender a los "tramposos" daba sin venir a cuento un manotazo sobre su mesa, para observar la reacción de quienes nos estábamos examinando. La reacción de los alumnos que copiaban automáticamente los delataba (o se les caía la chuleta, o eran sorprendidos mirando el libro bajo el pupitre, etc.).

Sin embargo también ha habido grandes "cambiazos", como el que sucedió en COU A en 1994, en un examen de Química. Todos sabíamos que el Hermano Juanjo tenía previsto preguntar "El Benceno", porque nos había dicho "por activa y por pasiva" que era una pregunta muy importante para selectividad. Mucha gente se llevó aquel día al examen la pregunta preparada, y efectivamente, preguntó "el benceno". Y en un despiste del Hermano Juanjo más de media clase casi al unísono incorporó al examen la pregunta realizada en casa. No sabemos si el Hermano Juanjo llegó a darse cuenta o no del "cambiazo" casi general, pero si así fue, nunca nos lo hizo saber.

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