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Crónica de la promoción 1983-84
De Cervantespedia
Crónica de José E. Ríos Castillo sobre la promoción 1976-1984 (Córdoba, 18 de Diciembre de 2008.
- Todos los años que pasé estudiando en los Maristas tuvieron algo de maravilloso. El COU 1983-84 sin embargo fue especial, inolvidable. Lo recuerdo en mi memoria como si estuviera separado en un compartimento especial, distinto de los demás años de mi vida, envuelto en una especie de nube mágica. Hace unos días celebramos el XXV aniversario de dicha promoción. Gracias al meritorio trabajo de dos compañeros, Antonio Giménez y Nacho Sanz, nos reunimos gran cantidad de amigos, es posible que en una de las asambleas de Antiguos Alumnos más concurridas que se recuerden.
- Cuando llegó la hora de que algún miembro de la Promoción dirigiese unas palabras a los asistentes, nadie tenía nada preparado. Era como aquellas veces en clase, cuando el profesor lanzaba una pregunta al aire, y todos mirábamos hacia abajo o disimulábamos, esperando que no nos tocase a nosotros responder.
- Nunca he sido un gran orador, ni tampoco un gran escritor. Creo que en aquel momento, el protagonismo, con todo merecimiento y justicia era de los organizadores del acto, pero en mi interior quedaron muchas palabras y algunas ideas pugnando por salir al exterior. Vamos, que me quedé con las ganas de decir algo, para que nos entendamos. De este punto es de donde parten estas reflexiones.
- Parafraseando a Khaled Hosseini, médico estadounidense de origen afgano, me convertí en lo que hoy soy a los 10 años, en un claro día, a finales del verano de 1976. Recuerdo cuando entré por primera vez en el aula de 5º A, llena de rostros desconocidos, que a la postre se convertirían en mis mejores amigos. Era el curso de Don Manuel Llamas, al que llamábamos con cariño “Fosforito” por los recitales de guitarra con los que nos deleitaba con frecuencia. Recuerdo haber observado con respeto y cierta dosis de temor aquel gran edificio de ladrillos claros, aquella escalera frente a la que formábamos todos los días para rezar con el Hermano Ignacio.
- De eso hace muchos años, pero con el tiempo he descubierto que lo que dicen del pasado, que es posible enterrarlo, no es cierto. Porque el pasado se abre paso a empellones, y ahora que lo pienso, he pasado gran parte de los últimos veinticinco años observando a hurtadillas ese edificio de ladrillos claros.
- El pasado domingo, en el XXV aniversario, vivimos un día inolvidable. Aquella nube mágica del curso 83-84 volvió a aparecer de nuevo entre nosotros. De repente fueron tantos los recuerdos que afloraron de golpe que apenas daba tiempo a asimilarlos. El salón de actos, las aulas, el olor a “humanidad” al volver del recreo, las fiestas de los sábados, los primeros intentos de establecer contacto con miembros del sexo opuesto, los partidos de fútbol, la fiesta de disfraces, el viaje a Italia, aquel “alumno” que fabricábamos con mi cazadora, la bufanda y el casco con un cigarrillo enganchado, al que llamábamos “el nuevo”; las collejas del Hermano Ignacio o del Hermano Carlos cuando nos veían fumando dentro del Colegio, las reprimendas de D. Manuel Parra cada vez que nos echaban de clase ( Vamos Ríos, sube y le pides perdón a Mercedes Osuna, que ya eres muy grande para hacer tonterías).
- Recuerdo como si fuera ayer la ilusión con la que vivíamos las fiestas de los sábados. Cuando empezaban a poner canciones lentas y se producía una estampida hacia la calle o al bar. Era el momento de buscar pareja mientras que ellas lánguidamente se deshacían en excusas. “Tengo los pies cansados”, o “no me apetece ahora, tal vez luego” eran las respuestas más usuales. Y si no había suerte, era el momento de ir al local con el Hermano Juanjo para echar un cigarrillo y un trago de aguardiente. En aquella nube mágica, ellas eran siempre Sandy Olsson, y yo era siempre Danny Zuko, o Richard Gere y Debra Winger, o Bruce Willis y Kim Bassinger. Era como ser siempre protagonista de una película.
- A veces la nostalgia es tan poderosa que se transforma en dolor. ¿Cómo olvidar momentos tan sublimes como los campamentos de verano, o las actuaciones y conciertos del festival de la Inmaculada? Estoy seguro de que todos compartiremos una infinidad de recuerdos de aquellos tiempos tan gratos, pero la humilde pretensión de estas líneas no es la de recordar. En realidad, son palabras de agradecimiento.
- Desde que volví al Colegio el día de la imposición de insignias, desde que atravesé la puerta, sabía que iba a ser un día especial. Todo el tiempo estuve con una enorme sensación de felicidad, de alegría de verdad, como hacía mucho tiempo que no sentía. Las primeras caras conocidas no hicieron sino acrecentar estas sensaciones. Me alegré mucho de ver a Susana, al Hermano Carlos, a D. Antonio Pérez, que conserva su imagen casi inalterada, a D. Manuel Llamas, mi primer tutor, que me puso las cosas en su sitio y me enseñó a respetar a los demás y por supuesto, de reconocer a D. José Fernández. Pepe, como nos permitía que lo llamásemos. Entre nosotros lo llamábamos el “Jónico” o Pepe el “Volutas” por la simétrica disposición de su flequillo. El tiempo le ha cambiado el orden artístico y lo ha convertido en dórico, pues las volutas han desaparecido.
- Lo admiro por habernos inculcado la pasión por la Literatura y por haber sabido ponerse a nuestra altura y tratarnos como a iguales, compartiendo Ducados en las horas después del comedor, cuando no éramos más que unos adolescentes imberbes llenos de arrogancia.
- Eché de menos a D. Antonio Higueras que nos enseñó a leer y a escribir con cabeza, y nos dirigió en nuestros primeros pasos musicales; a D. Mateo, D. Enrique del Río que nos enseñaba inglés jugando al bingo, D. José Enrique Carretero, D. Alfonso Bugella, al que Luis Manuel Medina compuso una preciosa canción que seguramente todavía recordará, a D. Manuel Parra, que bajo su aspecto de “sargento de hierro” estaba lleno de cariño y de humanidad y a tantos otros que pasaron por nuestras aulas; y por supuesto, Alex Alarcón y Clara García de Liñán, de las que puedo afirmar sin temor a equivocarme que fueron el primer amor platónico de todos y cada uno de nosotros…
- Curiosamente, guardo los recuerdos más entrañables, de las profesoras con las que más discutía. Mercedes Osuna, que tuvo la enorme paciencia de soportarme sin perder nunca los estribos (cosa que yo no hubiera podido hacer con un alumno tan recalcitrante) y Maria Eugenia, que fue nuestra tutora en 2º de BUP y a la que recuerdo con gran cariño porque tuvo la condescendencia de no enviarme a “freír espárragos” en más de una ocasión.
- El Dr. Howard Hendricks, en su libro “Enseñando para cambiar vidas” sintetiza en una sola frase, todo lo que quiero decir. La enseñanza que deja huella no es la que se hace de cabeza a cabeza, sino de corazón a corazón. Gracias desde el corazón a todos los profesores que nos han hecho personas.
- Pero quisiera dar también las gracias a los Hermanos Maristas. Ahora, desde la perspectiva que dan los años vividos, las cosas se ven de otra manera. Soy ginecólogo, soy persona, soy padre y soy cristiano gracias a todas las personas que han participado en mi educación.
- El dramaturgo alemán Goethe decía: no escribas porque quieras decir algo, hazlo porque tengas algo que decir. Yo quiero decir algo, y además tengo algo que decir, o mejor, algo que agradecer.
- Es difícil que un adolescente de dieciséis o diecisiete años se de cuenta de ciertas cosas. En aquella época no concedíamos demasiado valor al componente religioso de nuestra educación. Hoy, al menos yo, me doy cuenta de la importancia que tuvo en la creación de nuestra personalidad. Hoy agradezco esa impronta de humildad, de generosidad, de honestidad y de amor a María, que el paso por los Maristas dejó en nuestras vidas.
- No quiero acabar esta semblanza sin recordar al Hermano Tomás, cuya bondad y entrega eran un ejemplo para todos, al Hermano Maxi, persona entrañable donde las haya, que nos hizo amar la historia. Recuerdo que nos contaba tantos detalles históricos que a veces sus clases parecían un programa de cotilleos sobre la vida y costumbres de Isabel la Católica o de Carlos I. El Hermano Serafín con su pasión por el baloncesto; el Hermano Andrés, el “dinámico” cuyo sistema de aprendizaje de la tabla periódica de los elementos era tan efectivo, que aún hoy día somos capaces de recitarla de arriba abajo y de derecha a izquierda. El Hermano Joaquín, el “Pichí” maestro del autocontrol en una clase de auténticos “bárbaros”, con su laboratorio y su gran colección de preparaciones microscópicas con las que tuvo la gentileza de ayudarnos durante la Facultad. El Hermano Pepe Cabello, para nosotros “el cebollo” que nos enseñó ética y dialéctica con aquellos intensos debates que teníamos en clase. El hermano Javier Lusarreta, que nos decía que éramos tan niños que iba a tener que poner una tienda de chupetes en la puerta de la clase; y el hermano Juanjo, que nos facilitaba nuestras “expansiones artísticas” y que con su inquietud y creatividad hizo que nuestro paso por el colegio fuese mucho más divertido y llevadero.
- Pero sobre todo me gustaría tener un recuerdo muy especial para 2 personas que han sido claves en mi vida personal y profesional.
- La primera es el Hermano Francisco Ibáñez: qué gran tipo, cuánta humanidad corría por sus venas. Nunca he visto a nadie tan humano detrás de tan adusta apariencia. Era una persona que amaba su profesión. Sus clases de lingüística y latín eran sencillamente magistrales. Gracias a él hubiera sido filólogo si mi padre no me hubiera inculcado su pasión por la ginecología. El Hermano Ibáñez me enseñó a ser honesto y profesional. Recuerdo que cuando fallábamos en clase, nos llamaba marmolillos y nos flagelaba con Cicerón, quosque tandem Catilina abutiere patientia nostra !
- La otra persona es el Padre Jesús Mendoza, que tanto me influyó aunque él probablemente nunca lo ha sabido. Y estoy seguro de que estas palabras serán suscritas por muchos de mis compañeros. El Padre Jesús nos enseñó que el cristianismo está en la calle, en la gente, en la vida diaria. En unos momentos en los que nos resultaba difícil creer en cualquier cosa, por simple rebeldía, nos enseñó que ir a misa no sólo no era aburrido, sino que incluso podía ser divertido. Porque era guay cantar en sus misas, era divertido tener voz, y poder opinar durante la homilía. Cuando llegaban estas fechas, en la misa de antes de las vacaciones de Navidad y de Semana Santa siempre nos decía las mismas palabras: “Aunque os vayáis de vacaciones, no dejéis de recordar qué es lo que estamos conmemorando en estas fechas”.
- Para terminar dar las gracias a los compañeros de clase; de todos y cada uno de ellos he podido aprender algo. Todos habéis sido compañeros en ese periplo por las procelosas aguas de la adolescencia. A todos os debo una hermosa parte de mi vida, y muchos, muchos hermosos recuerdos. Ni siquiera de los años de Facultad guardo tan buenos recuerdos como los que tengo del curso 83-84. Aquél maravilloso año en qué España ganó la medalla de plata de baloncesto en Los Angeles, y endosó un histórico 12 a 1 a la ingenua selección de Malta para la clasificación del europeo de fútbol del 84; aquella Navidad en la que Bob Geldof, fundó el grupo de rock solidario Band Aid, junto a Bono, Spandau Ballet, Duran Duran, Culture Club, Phil Collins, etc; y en la televisión triunfaban Dinastía, Fama, M.A.S.H. y el equipo A.
- Gracias a todos de corazón por el día tan maravilloso que pasamos el día de nuestro XXV aniversario, gracias a los compañeros que se tomaron el enorme trabajo de “recopilación histórica” que supuso el reunir a tantos amigos después de tanto tiempo, y gracias a la Comunidad Marista, por todo lo que siempre hemos recibido de su parte en todo momento y por hacer que suponga un orgullo haber formado parte ella.
- Bernardo de Chartres, canciller de la catedral de Chartres en el siglo XII recibía a sus alumnos con la frase: nos esse quasi nanos, gigantium humeris insidentes ut possimus plura eis et remotiora videre quia in altum subvenimur et extollimur magnitudine gigantea. Somos como enanos a hombros de gigantes, podemos ver más y más lejos que ellos, no porque seamos mejores, sino porque somos elevados por su gran altura.
- Espero sinceramente que no tengan que pasar otros veinticinco años para que volvamos a juntarnos, porque probablemente entonces no estemos en tan buenas condiciones, y también porque fue una jornada de sentimientos tan fuertes que se hizo demasiado corta, y durante todo el día tuve la sensación de que no quería que aquello que estábamos teniendo la fortuna de revivir acabase de nuevo.

